Enviat per: sanvi10 | novembre 3, 2009

La historia interminable

 

Siempre que entro en una librería, me viene a la cabeza el recuerdo de la película La historia interminable: Las aventuras de Bastian. Es la típica película de domingo por la tarde post-paella, pero me dejó un buen sabor de boca en mi infancia. Sobre todo esa mágica librería rústica, con sus libros llenos de polvo hasta la saciedad, y en la cual tenías que trepar por una escalera de madera para encontrar el libro que estabas buscando. Allí Bastian se tropieza con La historia interminable, lleno de polvo y telarañas, y que tantas aventuras le hará pasar.

En ese sentido envidio un poco al joven protagonista, pues envuelto por ese entorno fantástico y peliculero encuentra el libro que le marca la vida. Desde mi experiencia, no he tenido tanta suerte. La lectura no ha sido nunca mi punto fuerte pero sí me han llegado títulos suficientemente potentes cómo para transmitirme algo que me marcara. Eso sí, casi siempre desde el ámbito académico. Por eso, siempre que entro en una librería, busco y rebusco en busca de mi historia interminable.

Hoy en día, a la mayoría de niños en los centro escolares les ocurre lo mismo que me pasó a mi, o incluso peor. Leer un libro, para muchos chavales es una tarea ardua y dura. “Un coñazo”, que se suele decir en el patio. Los libros se suelen dejar para la semana antes del examen, a veces para el día de antes, y no se goza con su lectura.

Hay que tener en cuenta que “desarrollar el gusto por la lectura” o “propiciar el placer de leer” son afirmaciones que suenan en los objetivos del aprendizaje escolar, pues se quiere crear una estrecha relación entre aprender y placer. Pero no hay que engañarse. La palabra “placer” es una palabra subjetiva, y cada uno lo siente de forma diferente. Muchas veces, el esfuerzo de los profesores por intentar que sus alumnos sientan un goce con la lectura es el elemento que hace que estos lo rechacen. Para que leer si se puede disfruta de una buena tarde sentado en el sofá viendo la tele o jugando a la Wii.

Es quizás en esta edad donde se tiene menos en cuenta las ventajas que te estas perdiendo. La televisión también puede crear universos paralelos para el disfrute de tu imaginación, como hacen las películas de Holliwood de piratas, pero el “lector” no es el protagonista.

Pero no solamente eso, sino que también falta el componente formativo. Muchos libros son interesantes de leer por el espíritu crítico que contagian. Crearán tu personalidad, o al menos, te proporcionarán una visión que no te habías planteado. Como dice Cesare Pavese en su artículo Leer, “los libros no son los hombres, son medios para llegar a ellos”.

Recuerdo perfectamente cuando leí Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Cómo decía anteriormente, no he tenido mucha suerte en cuanto a sentir placer por la lectura, pero sí recuerdo que a la vez que creaba un futuro que tenía que construir paso a paso, ese libro estimuló en mi la importancia que tiene la lectura. Para quien no lo haya leído, narra un mundo en el que los libros están prohibidos. Yo creo que ya estoy perdido, pero de lo que no me voy a cansar es de recomendar libros para los Bastians del futuro.

 


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